martes, 25 de noviembre de 2014

Miss Sarajevo





Bosnia-Herzegovina. Un lugar que parece que fue creado para que saliera en las noticias. Un lugar que parece que no tiene que existir más allá de las pantallas. Vamos, que yo oía la palabra Bosnia e inmediatamente me venía a la cabeza la guerra, los cascos azules y el Festival de Eurovisión (la Bosnie-Herzegovinne, dix points). Pero parece ser que Bosnia existe y la gente vive más allá de la guerra y pasea y sonríe y tiene hijos y yo, este fin de semana pasado, y a pesar de haber tenido siempre la certeza de que era un lugar al que nunca iba a viajar, he tenido la oportunidad de visitar Sarajevo durante 48 horas de solterismo hermanil. La pobre Sarajevo efectivamente existe aunque supongo que 4 años de asedio ininterrumpido hizo dudar a su población de su existencia futura.

Llegamos a la ciudad al mediodía de un viernes soleado. El aeropuerto es pequeñito pero enseguida pasamos el control de pasaportes, recogemos el equipaje y cambiamos moneda. Todo fácil y rápido. Nos espera una furgoneta del hotel con un chófer de unos 50 años con cara de buena persona. No puedo evitar pensar qué fantasmas continuará viendo cuando cierra los ojos. El trayecto hasta el hotel es rápido: hay poco tráfico y las distancias no son muy grandes. Pasamos por una gran avenida bastante gris, tristona, de aspecto soviético, con edificios altos y feos marcados de metralla y proyectiles, como cicatrices que todavía no han tenido tiempo de cerrarse. Entonces todavía no lo sabemos pero aquella avenida es la tristemente conocida como la Snipers Alley, o Avenida de los Francotiradores.
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A lo largo de esta avenida los paramilitares serbios se atrincheraban en las azoteas de los edificios y disparaban sobre la población civil. Se dice que cobraban 300 dólares por cada muerto. Pero había algunos que eran tan patriotas que mataban gratis, todo un detalle. En esa misma avenida está el emblemático hotel Holiday Inn, un bloque de cemento amarillo y de aspecto comunista que albergaba a la prensa extranjera desplazada a la ciudad para cubrir la guerra. 




Llegamos por fin al hotel, que lo tenemos situado en el casco antiguo de la ciudad, Bascarsija, y que es un entramado de callejuelas adoquinadas de reminiscencias turcas salpicadas de mezquitas, cafeterías, narguiles de sabores, tiendas de dulces con miel y pistachos y comercios tipo bazar. Esta parte parece menos gris y más amable que lo que hemos visto hasta ahora y nos mejora el ánimo considerablemente.

Llevamos dando tumbos por el mundo desde las 5 de la madrugada y estamos cansadas y muertas de hambre así que vamos en búsqueda y captura de Zeljo, el restaurante que nos han recomendado para comer el mejor cevapcici de la ciudad. El cevapcici es un plato tradicional bosnio que consiste en una especie de pan plano, similar al pan de pita pero más grande, más grueso y con más miga, relleno de carne picada especiada, cebolla picada y queso feta. Muy ligero y digestivo. De toda la vida de Dios que semejante experimento ha de ir acompañado de una cerveza (y de las grandes) pero en Zeljo no sirven alcohol y nos zampamos nuestro cevapcici acompañado de un vaso de yogur líquido (por aquello del donde fueres y tal).




Después de comer callejeamos un rato en busca de Insider, la agencia a la que hemos contratado un par de visitas guiadas. La de la tarde del viernes es gratuita y se supone que ha de ser una primera toma de contacto con la ciudad. Nos recibe un chavalín de unos 22 o 23 años, rubio, mono, con ojos azules y que nos hace ser conscientes de nuestra abrumadora colección de prejuicios ya que nos choca que sea musulmán (como la mayor parte de la población de la ciudad, por cierto), que habla un inglés precario y que después de que su primera anécdota sea algo relacionado con un futbolista pobre de la ciudad que fichó por el Manchester City, se hizo rico y le compró un taxi nuevo a un taxista o algo por el estilo que no acabo de comprender, me percato de que aquel chico sabe tanto de la ciudad como yo. Bueno, al menos es gratis y nos sirve como mínimo para situarnos un poco.

Pasamos por el puente que se convirtió en el escenario donde se inició la Primera Guerra Mundial, vemos la parte austro-húngara de la ciudad (es curioso como en apenas 50 metros, en una misma calle, se pasa de los adoquines, las calles laberínticas y las mezquitas a las calles ordenadas de estética puramente centroeuropea, una calle que no desentonaría en ninguna ciudad de Austria, Hungría o incluso Alemania) y cómo conviven en aparente (aparente) armonía catedrales católicas, mezquitas islámicas, iglesias ortodoxas y sinagogas judías.




Después del pseudotour aprovechamos para tomarnos, esta vez sí, una merecida cerveza, mientras vemos pasar a la gente, en apariencia tan igual a nosotros pero con un fondo tan trágico que no sé si es mejor no conocerlo. Callejeamos, comemos pistachos y avellanas y nos vamos a cenar a la Vinoteka Sarajevo, un restaurante súper fashion en el que hemos reservado mesa porque claro, ya se sabe, los viernes por la noche la gente sale y tal. Hay dos mesas ocupadas en todo el restaurante, que además es enorme. Cenamos estupendamente, eso sí.


TIMES OF MISFORTUNE


Tuve un profesor de filosofía en la facultad que nos contó que, en realidad, el mal no existe y que, en todo caso, lo que existe es la ausencia de bien. No creo que este chico haya estado en Sarajevo porque allí no era suficiente la ausencia de bien. En Sarajevo, entre 1992 y 1996 existió el mal, una maldad tan evidente, palpable y terrorífica que es imposible negarla o matizarla. Si el infierno existe ha de ser algo muy parecido a Sarajevo durante los 4 años en los que estuvo infamemente cercada.

El sábado por la mañana tenemos una nueva visita guiada. Esta vez, por suerte, tenemos un guía competente. Nuestro guía se llama Nermin y Nermin nos cuenta muchas cosas:

- Que tiene 40 años y dos hijos. Que en 1992, con 18 años recién cumplidos, se alistó voluntario a la policía militar del ejército bosnio porque quería proteger a su madre y a sus dos hermanos menores. Que él no odia a nadie y que la única solución para un futuro en paz es el perdón. Que él perdona pero ni puede ni quiere olvidar.

- Que en 1984 Sarajevo era una ciudad feliz e ilusionada ante la perspectiva de la celebración de los Juegos Olímpicos de invierno. Que, por una vez, musulmanes, ortodoxos, católicos y judíos unieron fuerzas para rezar a sus dioses respectivos la noche antes de la inauguración de los Juegos para que nevara sobre una ciudad sobre la que, por una vez, no había caído ni un solo copo de nieve. Al día siguiente Sarajevo amaneció totalmente cubierta de nieve. Debió de ser una de las últimas veces que la ciudad tuvo ganas de sonreir.

- Que, objetivamente, el mariscal Tito fue un dictador pero que la gente de Sarajevo se negó a cambiarle el nombre a la avenida, una de las principales de la ciudad, que lleva su nombre. Porque Tito manejaba un estado ficticio, si se quiere, una unión artificial de pueblos que no se querían. Pero por lo menos no se mataban. La realidad puede que no fuera buena pero la alternativa fue infinitamente peor.

- Que en abril de 1992, las colinas que rodean la ciudad, se llenaron de militares y paramilitares serbios que se divertían volviendo loca a la población civil, lanzando aleatoriamente granadas y otros proyectiles sobre la ciudad. Durante 1.425 días. Aprovechando las colas que se formaban para recoger agua o ayuda humanitaria. O los días de mercado cuando había algo que comprar. O las escuelas. O los hospitales. O las maternidades. Que murieron más de 11.000 personas durante el asedio. Que los serbios comentaban que los civiles que huían parecían, vistos desde arriba, conejos que corrían asustados y era divertido dispararles.


 
- Que el 80% de las ventanas de la ciudad se quedó sin cristales y tenían que cubrirlas con unos plásticos que eran insuficientes para resguardarse del frío. Que no había agua, ni luz, ni comida. Que la gente quemaba sus muebles, sus libros e incluso los suelos de parquet en hornillos improvisados  para calentarse y cocinar. Que, por supuesto, floreció el mercado negro ya que la falta de escrúpulos se encuentra cómoda entre la necesidad y la desesperación.

- Que el fuego serbio alcanzó la biblioteca nacional y destruyó por completo 2 millones de libros y documentos en un incendio que duró 5 días. Después, la ciudad amaneció cubierta por un manto de nieve gris, que eran las cenizas de todo el papel que se quemó. Actualemnte la biblioteca está de nuevo reconstruida pero no tiene ningún libro.




- Que durante el sitio se pusieron en escena más de 200 obras teatrales porque la gente quería vivir y soñar y expresar su ira y su miedo. Que Susan Sontag pasó un par de meses en la ciudad dirigiendo Esperando a Godot. Que se organizó el festival de cine de Sarajevo y cuando se le preguntó a uno de los organizadores el porqué de montar un festival de cine durante una guerra él respondió con otra pregunta...el porqué de montar una guerra durante un festival de cine.

- Que la comunidad internacional se sentó a ver qué pasaba. Que, escudándose en una supuesta neutralidad, tomó de hecho partido hasta que ya fue demasiado tarde. Que a los boinas azules les llamaban "los pitufos". Que llegaba ayuda humanitaria en forma de alimentos y medicamentos caducados y pastillas contra la malaria, súper útiles porque todo el mundo sabe que Sarajevo es famosa por su clima tropical y sus mosquitos portadores de malaria. Pero a ver, que sois pobres y estáis en guerra, no es cuestión ahora de ponerse exquisitos. Que la actuación de la delegación holandesa de Naciones Unidas en Srebrenica fue de vergüenza y, de hecho, comportó la dimisión en pleno del parlamento holandés, un hecho que no dejó de ser de cara a la galería porque igualmente estaban previstas unas elecciones en breve.



- Que cavaron un túnel que comunicaba los barrios de Dobrinja, bajo el sitio, y Butmir, fuera del sitio y próximo al aeropuerto, en manos de Naciones Unidas. Así podían hacer llegar a la ciudad la ayuda, las armas, la comida y los medicamentos procedentes del exterior. Cavaron el túnel a mano, 24 horas al día, 7 días a la semana durante 4 meses y 4 días. Cuando lo terminaron tenía 800 metros de longitud, un metro de ancho y alrededor de un metro y medio de alto. Yo, que mido metro y medio, me tenía que agachar así que no quiero ni pensar en aquellos tíos que me sacaban 2 cabezas y encima iban cargados con mochilas de 40 kilos y el agua que les llegaba a las rodillas.


- Que, actualmente, la corrupción es uno de los mayores problemas del país. Que hay un 44% de paro y el salario medio está aproxiamadamente en 350 - 400 euros mensuales.

- Que la guerra en Croacia y en Eslovenia terminó pero la guerra, en Bosnia, sólo se ha detenido. Que por nada del mundo quiere que sus hijos tengan que luchar pero que él está dispuesto a enfrentarse al enemigo.



Después de tan alegre visita y tras una reconfortante sopa calentita decidimos rematar el día visitando una exposición sobre la matanza de Srebrenica y el sitio de Sarajevo. Las fotos son espectacularmente duras pero preciosas. Dan aquella sensación de no querer mirarlas pero no poder dejar de hacerlo. No sé si  podría dormir si yo fuera la fotógrafa. También vemos dos documentales, uno sobre Srbrenica y otro sobre el sitio, Miss Sarajevo. Este documental se hizo famoso porque antes de su emisión llegó a manos de Bono, de U2, y compuso la canción que lleva el mismo título y que cantó a dúo con Pavarotti. Se llama así porque durante el asedio se organizó un concurso de belleza en el sótano del Holiday Inn. Las pantallas de los televisores se llenaron con chicas en bañador que sujetaban una gran pancarta que rezaba "Don't let them kill us". El documental habla del concurso, del sitio, del infierno, de la muerte en vida, de la resistencia. Welcome to hell. Pobre, pobre Sarajevo.

http://www.veoh.com/watch/v28822914wwMa7KMB

Nermin nos contó que en Bascarsija hay una mezquita que tiene una fuente. Dicen que quien bebe de esa fuente va a volver seguro a Sarajevo. A mí se me olvidó beber pero espero que eso no signifique que no voy a volver, que 48 horas no son nada.





martes, 18 de noviembre de 2014

El cuestionario










El cuestionario de Proust es un listado de preguntas que se supone que dicen algo sobre la personalidad de quien lo contesta. Se llama cuestionario de Proust porque Marcel Proust fue la primera persona que lo respondió, por allá en el siglo XIX. Al parecer es un cuestionario muy utilizado en entrevistas y también para la creación de personajes literarios y televisivos. Aunque como desde que Marcel contestó el suyo ha llovido bastante se han creado preguntas nuevas más adaptadas a los nuevos tiempos.
Y por lo que he visto en la blogosfera no eres nadie si no respondes tu propio cuestionario de Proust. Así que aquí va el mío.



 ¿No podrías vivir sin…? El corrector de ojeras.

No soportas/no aguantas…
Podría escribir un libro con las cosas que no soporto. Pero básicamente la gente chunga, portera y metiche, la mala educación y el paternalismo.

¿Una manía/una rutina/un ritual que si no lo haces te estropea el día?
A ver, no soy tan obsesiva-compulsiva como para que me estropee el día si no lo hago pero me encanta volver a meterme en la cama por la mañana después de la ducha.

Cuando llega la Navidad…
Se me llena el espíritu de buenas intenciones y me visualizo horneando galletas de genjibre en una cocina blanca con suelos de madera y ventanales de cristal a través de los que se ven las ramas desnudas y nevadas de los árboles. Yo llevo un jersey grueso blanco que me envuelve y me da un aspecto invernal y atractivo y el hijo ratón decora el árbol con el amantesposo sin pelearse ni llorar. La casa está calentita y huele a leña y a pastel y a té con canela. La realidad es que terminamos sudando a mares en manga corta en casa de mis padres mientras los niños se desquician y tenemos que desabrocharnos el botón del pantalón después de una sobredosis de neulas y aburrimiento. Pero cada año tengo la misma ilusión.

De niño querías ser como…
No me acuerdo, la verdad.

¿Conservas alguna cosa de tu niñez?
Algunos muñecos y algunos cuentos y libros. También mi ropa de recién nacida, que fue la que le puse al hijo ratón cuando nació.

 Te hubiera gustado vivir en otra época/país? ¿Y qué hubieras querido ser?
Me encantaría que existiera una máquina del tiempo para viajar al pasado. Me fliparía ver la Roma de los emperadores y ser una patricia romana, todo el día tumbada a la bartola comiendo uva y bebiendo vino y filosofando mientras los esclavos me abanican.

¿Das vueltas a alguna relación anterior o qué hubiera pasado si…?
No.

 Puedes pasar las horas muertas haciendo…
Leyendo. 

¿La última novela que leíste?
La hija del este, de Clara Usón.

 ¿La última manifestación a la que acudiste o petición online contra algo o alguien?
No sé. Alguna petición de Amnistía Internacional, seguramente.

Lees blogs de…
A pesar de tener un blog, yo misma no soy una seguidora demasiado fiel de blogs. El único que sigo con regularidad es el de Moli. Por lo demás, voy picoteando aquí y allí. Algunos de maternidad, también, aunque cada vez menos porque me molesta que me riñan unas por ser demasiado malamadre y otras por ser demasiado hippie flower power.

 ¿Pintor favorito? ¿Fotógrafo favorito?
No soy nada experta en el tema. Conozco las típicas obras de los típicos museos. Pero lo que más me ha impresionado ha sido la Última Cena de Leonardo da Vinci en Milán. Para caerse de culo, en serio.
Lo de tener un fotógrafo favorito ya es demasiado hipster incluso para mí. 

 Prefieres el coche, la bici o el transporte público?
No conduzco y la bicicleta me hace un callo terrible en el culo (quién inventó el sillín de las bicicletas? Un japonés malhumorado?). Yo el metro.

¿Qué deportes sigues por televisión?
Ah, pero hacen deportes por televisión? Para qué?

¿Haces deporte?
Estooo…no.

Una canción que no te cansas de escuchar…
Depende de la época. A veces me da por unas o por otras. Pero hay dos que nunca me defraudan: Insurrección, de el Último de la Fila y More than this, de Roxy Music.

¿Tu serie de televisión favorita?
Gilmore Girls. Y los que dicen que es una cursilada de chicas no la han visto seguro.

¿Una película que no te cansas de ver?
Muchas. Cuatro bodas y un funeral, Lost in translation, Cinema Paradiso, Las amistades peligrosas, Los amigos de Peter…

¿Te gusta comprar en los chinos?
Pues no, no sé qué clase de pregunta es esta, pero no. Bueno, una vez compré unos lápices de colores y seguimos vivos.

El próximo verano te gustaría…
Gustarme lo que se dice gustarme me gustaría instalarme en una casa grande en Ibiza al lado del mar donde me pasaría el día comiendo y durmiendo y alojando a amigos. Pero es más probable que me acabe peleando con algún niño en alguna cola para ver a Mickey Mouse o algo por el estilo.

Antes te gustaba, ahora no…
Más bien al revés. Antes pensaba que lo peor que me podía pasar en el mundo era encerrarme en un resort en el Caribe con pulsera de todo incluido. Ahora pienso que oye, que igual no es tan  mala idea. Gran lujo, por supuesto.

Dices que te gustaría hacer… pero no te pones a ello.
Dedicarle más tiempo al blog.

¿Eres vegetariano?
 Pues no. Lo siento.



¿Qué partido votaste? ¿A qué partido no volverás a votar?
Excepto un par de excepciones a las que no he votado nunca, mi voto ha variado. Y a este paso no volveré a votar a ningún partido.

 ¿Practicas una religión?
Nah.

 ¿Principal rasgo de su carácter?
No sé. Es difícil eso del conócete a ti misma. La gente cuando me conoce suele opinar que soy seria. Pero no lo soy. Cuando acabo de conocer a alguien no acostumbro a darle besos con lengua ni contrato la banda municipal para que haga un pasacalles pero no soy seria.

¿Qué cualidad aprecia más en un hombre?
Pues muy a mi pesar considero cualidades cosas que no deberían serlo porque deberían ser lo habitual. Pero me gustan los tíos normales, que me traten como a una igual, los no graciosillos ni los que se creen irresistibles, los que no te llaman bonita sin venir a cuento y los que te tratan sin paternalismos ni concesiones. Me gusta un tío con el que se pueda hablar y echar unas risas sin más historias. Me gustan los tíos que no se esfuerzan en parecer sensibles porque  los que lo son de verdad no necesitan aparentarlo. Las almas torturadas no están hechas para mí.

 ¿Y en una mujer?
Pues un poco igual que antes. No creo que haya diferencias sustanciales entre las cualidades femeninas y masculinas. Que sea una buena amiga, que se pueda hablar de todo y que me haga sentir a gusto.

¿Qué espera de sus amigos?
Que se porten como tal. Que me quieran, que me conozcan, que me hagan caso de vez en cuando, que pueda compartir con ellos los malos momentos pero también los buenos. Lo que intento hacer yo con ellos, vaya.

¿Su principal defecto?
Soy un poco obsesiva y egocéntrica. Pero mola saberlo porque así te lo puedes controlar.

¿Su ideal de felicidad?
Una casa en Mykonos que se mantiene sola y tiene una cocina gigante que da a un patio en el que se puede vivir. Dar la vuelta al mundo. Que me den un masaje muy largo en los pies. Estar casada con Juan Diego Botto. Tomar un gintonic a las 5 de una tarde inglesa y lluviosa al calor del fuego de una biblioteca con escalera y alfombras.

¿Cuál sería su mayor desgracia?
Que le pasara algo malo al hijo ratón. No soy capaz ni de pensarlo.
 
¿Qué le hubiera gustado ser?
La hija de Amancio Ortega o, en su defecto, escritora que viviera de escribir.

¿Dónde le gustaría vivir?
Londres. París. Roma. Nueva York. Me están entrando ganas de pegarme un tiro en la sien.

¿Su color favorito?
Rojo y negro.

 ¿Cuál es su animal favorito?
Perro.

 ¿Sus autores favoritos?
Almudena Grandes, John Irving y Gabriel García Márquez.

 ¿Un héroe de ficción?
Mafalda.

¿Su compositor/músico/cantante favorito?
El Último de la Fila

 ¿Su héroe de la vida real?
Mafalda. Porque existe, no?

 ¿Su comida favorita?
La paella y la ensaladilla rusa.

¿Qué hábito ajeno no soporta?
Odio la mala costumbre que tienen algunas personas de hacerte sentir un segundo plato. Del palo, quedamos? Ah. pues si no me sale nada sí. Pues casi que no te salga, no? Más que nada que ya te ha salido. Pero igual es que soy muy tiquismiquis, que también podría ser.


 ¿Una figura histórica que deteste?
Tristemente la historia está lo suficientemente llena de figuras detestables para escoger a placer.

 ¿Cómo le gustaría morir?
No me gustaría morir. Pero como supongo que aunque no quiera me voy a morir, pues sin enterarme, durmiendo y de vieja. Pero vamos, que la pregunta tiene tela. Alguien en serio contestaría que le molaría morirse a los 30 retorciéndose de dolor entre convulsiones epilépticas mientras se desangra? Ahora, que hay gente para todo, también es verdad.

¿Cuál es el estado común de su ánimo?
Expectante. Es un estrés pero no puedo evitarlo.

 ¿Tiene un lema?
Si la vida te da limones, haz limonada. A que mola?

martes, 4 de noviembre de 2014

Un martes cualquiera



Hoy. 7.45 de la mañana, en la ducha. Me viene de repente a la cabeza que hace quince días de mi revisión ginecológica y no sé nada de la citología. Si no hay noticias son buenas noticias, me digo. Me olvido del asunto y empieza el zafarrancho matinal de costumbre: despertar al hijo ratón, que hoy por poco tengo que avisar a los del RACC para que vengan a arrancarlo de la cama, vestirlo, ponerlo a hacer pis, pelearnos porque no quiere llevarse el paraguas al cole (es que me lo van a quitar, mamá...¿a qué colegio va mi hijo, al Bronx?),  pelearnos otras vez porque no quiere el chubasquero, salir a la calle en mitad del diluvio universal, dejarlo en el cole, acordarme de pasar por secretaría a firmar la autorización para que le enchufen el ventolín y, aun estando muy tentada de volverme a mi casa y meterme en la cama con un libro, llegar al despacho en un estado razonable de buen humor.
Más tarde. 11.45 de la mañana, en el despacho. Miro el móvil y veo una llamada perdida de un número desconocido. Marco el número del buzón de voz para escuchar el mensaje que me han dejado. "Hola, soy Fátima, de la consulta ginecológica". Dejo de prestar atención mientras me hago una nota mental para acordarme de pedir cita en el notario para redactar el testamento. "Cuando puedas me llamas que te tengo que comentar una cosa de la citología. No te asustes". No puedo asustarme porque tengo la mente ocupada pensando en las palabras que voy a escoger para escribir mi epitafio. Llamo. "Fátima, que me has llamado por lo de la citología". "Ah, sí, hola guapa, nada, que tendrías que venir porque la citología te ha salido alterada. Resultado inflamatorio, dice el informe". ¿Inflamatorio? ¿Y qué mierdas es eso? "No te preocupes, te pondrán un tratamiento y te repetirán la prueba en un par de meses". ¿Cómo que me repetirán la prueba? ¿En un par de meses? ¿Estamos locos o qué? No puedo esperar dos meses, si no me muero del inflamatorio ese me voy a morir de un infarto. "Ven esta tarde a las 3".
Nomireseninternet, nomireseninternet, nomireseninternet. Miro en internet. Cuello uterino inflamado. Células atípicas precancerosas. Mucha jerga médica. Por lo poco que entiendo me parece deducir que es una infección generalmente provocada por folletear con mucha gente distinta. Vamos, no me jodas. Ahora resulta que voy a tener una enfermedad de transmisión sexual sin pasar por la parte divertida. Pero qué clase de timo es este? Que me devuelvan mi dinero. Si voy a tener una enfermedad provocada por el pendoneo, qué menos que reclamar mi cuota de pendoneo. Que al menos compense, no? Se lo cuento al amantesposo y pone cara de funeral (y eso que lo del pendoneo no se lo he contado que ya se sabe cómo son los hombres para estas cosas). Dice que me acompaña al médico.
A las 3 en punto estamos en la consulta. No me va a atender mi doctora sino otra a la que no conozco. Claro, seguro que es una especialista que ha venido expresamente de los Estados Unidos para estudiar mi caso. Me preparo para lo peor. Y va y resulta que tengo hongos. ¿Hongos? ¿En serio? ¿Hay algo menos glamouroso que tener hongos? Me manda un tratamiento de tres míseros días. Vamos a ver, o sea, llevo todo el día pensando en convocar un casting para encontrarle una nueva madre al hijo ratón y una nueva amantesposa al amantesposo y tú me mandas un tratamiento de 3 días porque tengo hongos? Y encima ni siquiera me tengo que repetir la prueba. Hombre, por favor, si esto no es reirse del legítimo miedo de los hipocondríacos, que baje Dios y lo vea.
Muy indignada, me hallo.
Por cierto, malpensados, los hongos me los ha causado el estrés. Que es que tengo que aclararlo todo.